El hombre vendía leche en cantina, pero tenía la costumbre de rendirla con agua del río hasta que un día lo pilló un policía en pleno acto:
-Ey! usted que está haciendo allá en el río?
El hombre contesta:
-eh!... es que… ah si! estoy bautizando la leche!
-ah!, bautizando la leche! Y cómo piensa ponerla!?
-Pues pienso ponerla “Clarita!”